Desde finales del año pasado la palabra “agente” ha inundado post y artículos periodísticos de todo tipo. Muchas startups y otros proveedores tech aseguran que sus productos son agentic, mietras que otros que se suben al carro de los chatbots con LLM también les ponen el apellido “agente”. Pero, ¿qué es realmente un agente de IA y cuándo merece la pena usarlo?
Un informe reciente de Gartner intenta poner claridad al respecto. Define al agente de IA como un software que:
Percibe
Decide
Actúa
Tiene iniciativa propia
Se adapta
Genera conocimiento
Un assistant no llega tan lejos: ayuda al usuario pero no toma todas las decisiones.
Estas 6 capacidades de Gartner pueden ir de “mínimo” a “avanzado”. El secreto está en evaluar qué nivel necesita tu caso de uso. Un agente básico puede reservar un viaje, pero para logística compleja quizá necesites varios agentes coordinados. En muchos entornos, automatizaciones clásicas o RPA siguen siendo más eficientes.
El informe también nos baja de la nube: los agentes tienen limitaciones. Sus respuestas pueden ser erróneas, su mantenimiento y las llamadas a APIs pueden ser caras, y la transparencia es un problema en sectores regulados. Una encuesta citada por Whatfix señala que 59 % de los consumidores sienten que las empresas han están perdiendo el toque humano por exceso de automatización.
Investigadores de Carnegie Mellon y Salesforce comprobaron que los agentes actuales solo completan correctamente el 30‑35 % de las tareas multietapa. No sorprende por tanto que Gartner prevea que más del 40 % de los proyectos de agentic AI se cancelen antes de 2027.
¿Cuándo sí tiene sentido adoptar agentes? Cuando el entorno es dinámico, los objetivos son complejos y la automatización tradicional no da la talla. Gartner habla de un “sweet spot”: casos de uso de complejidad media en los que los agentes aportan flexibilidad y capacidad de adaptación sin disparar los riesgos. Para procesos rutinarios y estables, el RPA sigue siendo rey; para tareas extremadamente sensibles o creativas, la intervención humana sigue siendo insustituible.
La recomendación final es clara: evalúa con rigor tu problema, analiza el retorno de inversión y pon guardarraíles (sistemas de protección contra las acciones erróneas de los agentes). Los agentes no son la panacea, pero tampoco son una moda pasajera. Bien aplicados, pueden mejorar significativamente nuestra productividad y abrirnos nuevas posibilidades de negocio. Mal aplicados, pueden convertirse en costosos experimentos que terminen en la papelera.
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